UN ABRAZO EN LA DISTANCIA


Querido amigo, amiga:

Antes de nada, quiero que estas líneas empiecen donde de verdad importa hoy: mi pensamiento, mi oración y todo mi cariño están con quienes llevan días enfrentando el dolor y la incertidumbre tras los terremotos en Venezuela. 

A quienes buscan a los suyos, a quienes han perdido su casa o a alguien querido, a quienes sostienen a otros mientras ellos mismos se sostienen apenas: no tengo palabras, pero sí toda mi cercanía y mi más profundo respeto por la inmensa fuerza interior con la que estáis afrontando esto.

Hay algo que a mí nunca deja de sobrecogerme: el ser humano posee una capacidad extraordinaria para sostenerse, adaptarse y volver a levantarse incluso cuando todo alrededor parece derrumbarse. 

No es ingenuidad ni resignación; es una fuerza real, casi biológica, que se activa precisamente en los momentos de mayor oscuridad.

Creo firmemente, y por eso me atrevo a compartirlo contigo, que en los momentos más difíciles —y también en los más tranquilos— lo que de verdad sostiene a las personas no son las circunstancias externas, sino los vínculos: la familia, los amigos, una mano tendida, una llamada, una comunidad que no se olvida de ti. 

Eso es, quizás, la verdadera fuerza del corazón humano: no la ausencia de miedo, sino la decisión de seguir tendiéndole la mano al otro incluso cuando uno mismo tiembla.

Si algo he aprendido observando a quienes atraviesan las pruebas más duras de la vida, es que la esperanza no es mirar hacia otro lado ni negar el sufrimiento; es, sencillamente, la certeza tranquila de que después de la noche más cerrada, algo dentro de nosotros sigue buscando la luz. Esa búsqueda, por pequeña que parezca, ya es un acto de coraje.

Te envío un abrazo muy fuerte, cargado de afecto y de profunda consideración, especialmente para nuestros hermanos venezolanos. Que sintáis, aunque sea a la distancia, que no estáis solos.

Con todo mi cariño.

Dr. Mario Alonso Puig

Mario Alonso Puig ©2026.